Familia Scalabrinianas: abran las puertas al hermano

Comunicado sobre la actual situación migratoria de las Direcciones Generales de los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos, las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas y las Misioneras Seculares Scalabrinianas, a conclusión de su reunión anual, celebrada en Roma del 1 al 3 de julio, 2018.

La emigración es un fenómeno histórico que está sacudiendo las estructuras nacionales en todo lugar. Sin lugar a duda se trata de un problema, que resulta de la suma de muchos otros problemas; pero, como todos los problemas, depende de nosotros transformarlo en una tragedia o en un recurso. La historia de los pueblos deriva de grandes oleadas migratorias, y en este tiempo  nosotros tenemos la oportunidad de vivir una de ellas, con la ventaja de poder leer a nivel mundial sus causas y efectos y, por lo tanto, extraerle un surplus de humanidad. Nos sentimos llamados a ser protagonistas del progreso de la consciencia de la dignidad humana propia de todo ser humano, podemos así contribuir a la restructuración de un cuadro general en el que la “ecología humana” se insiera en la ‘ecología de la naturaleza’. Consideramos que los cuatro verbos usados por el Papa en su mensaje para la jornada mundial de los migrantes de este año: acoger, proteger, promover e integrar, adquieren cada vez más una mayor actualidad e relevancia.

Hay un enorme obstáculo en este camino. Se trata del miedo, miedo a perder el propio bienestar, miedo a perder la propia identidad, miedo del otro. Se trata de un sentimiento profundo, al que se debe prestar atención para ayudar a superarlo: el miedo lleva a cerrarse y la cerrazón conduce a la muerte.

Muchos medios de comunicación y redes sociales refuerzan este miedo, amplificando hechos negativos e ignorando casi totalmente las buenas prácticas de hospitalidad e integración que se desarrollan en muchos lugares, especialmente gracias al voluntariado. Si queremos seguir el camino de la felicidad, que es el camino que busca todo corazón humano, tenemos que emprender el camino de la fraternidad, renovando y actualizando en nuestro tiempo el apelo con el que el San Juan Pablo II comenzaba su pontificado: abran las puertas a Cristo. Hoy estamos llamados a repetir el mismo grito: abran las puertas al hermano.