Fiesta de San Carlos Borromeo, Patrono de la Congregación

Roma, 04 de noviembre de 2018

«Llamados a la santidad» (Rm 1,7).

 

Estimadas Hermanas y Formandas:

Nosotras, Hermanas misioneras scalabrinianas, nos sentimos agraciadas por Dios en tener a San Carlos Borromeo como patrono, de modo particular en este tiempo histórico de nuestra Congregación, marcado por significativos cambios, entre los cuales, el proceso de reorganización interna, que nos interpela a una profunda renovación de nuestra vida consagrada y misionera en la centralidad en Jesucristo, a fin de ser fieles al carisma scalabriniano.

De hecho, no es fácil hacer una síntesis de la vida intensa vivida por San Carlos, de la que emerge una figura caracterizada por el carisma del buen pastor que se dona sin pretensión de obtener resultados espléndidos, en una donación total, marcada con celo extraordinario, fundamentado en la humildad y en la pobreza. Fue este mismo celo que lo movió tomar la decisión de emprender una reforma de la Iglesia y un serio camino de reforma interior y de santidad, a fin de conformarse cada vez más a Jesucristo. Fue así, en el confronto consigo mismo, que promovió la primera y la más radical obra de renovación, siendo capaz de dedicarse sin reservas al servicio de Dios y de la Iglesia.

No podríamos comprender la figura de nuestro patrono San Carlos Borromeo, sin conocer su relación de intensa pasión a Jesucristo, en un amor confiado y contemplado en la Eucaristía y en Jesús crucificado que hicieron que San Carlos se sumergiera en la profundidad del misterio del amor de Cristo.

El ejemplo de vida de San Carlos, la dinamicidad de su acción apostólica de pastor y de reformador, se revelan persuasivos y atractivos como el fruto de la intensidad de su amor a Cristo crucificado. Su grandeza espiritual nace de la profundidad de su fe y de la totalidad de su dedicación a la misión recibida, en una palabra, de su santidad.

Queridas hermanas y formandas, también nosotras, por gracia, estamos llamadas a seguir a Jesucristo en esta forma particular y necesaria de fecundidad, que «engendra Cristo» en nuestro ser y en los migrantes y refugiados que encontramos en nuestro camino como discípulas y misioneras del Padre.

Somos invitadas a dirigir nuestra mirada a San Carlos, modelo de santidad y de celo apostólico, cuyo ejemplo nos inspira y nos motiva a vivir el llamado a la santidad sabiendo que la vocación a la santidad debe ser intuida, entendida, acogida y cultivada y, y “así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos, vamos construyendo aquella figura de santidad que Dios quiso para nosotras: no como seres autosuficientes, sino ‘como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios’ (1 P 4,10)”.[1]

Con alegría, deseamos a ustedes, Hermanas, Formandas y Laicos Misioneros Scalabrinianos, una bendecida y feliz fiesta de San Carlos Borromeo, y que motivadas por su ejemplo, podamos retomar con un nuevo ardor y empeño renovado la misión scalabriniana, en el servicio evangélico y misionero a los migrantes y refugiados.

Hna. Neusa de Fátima Mariano, mscsSuperiora General, Consejo y Secretaria General

 

[1] Francisco, Exhortación Apostólica Alegraos y regocijaos, n.18

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