“Mi sueño es tener una bicicleta y el hilo para hacer cometas”

POR ROSINHA MARTINS
DE SÃO PAULO – SP

Los niños hacen la diferencia en el mundo de la migración y del refugio. A través de mis lentes veo como la alegría, la simplicidad, es algo que todo migrante o refugiado adulto carece fuera de su país. En cuanto sus padres me hablaban sobre los desafíos de vivir fuera de la propia tierra, de los miedos y de las esperanzas, con lágrimas en los ojos, actitud propia de un adulto que lleva la vida enserio, ellas sonríen, corren como si el nuevo lugar no fuese extraño. Quizás no lo sea.

Los niños en cualquier lugar que se encuentren llenan el ambiente de paz, de serenidad. Ellos son capaces de hacernos levitar cuando el fardo está muy pesado. Es por eso que Jesús decía, el Reino de los cielos es de los niños.

Al encontrarme con un niño inmigrante o refugiado, y mirarlo a los ojos que están siempre atentos en el horizonte, nunca bajos; contemplar su naturalidad y espontaneidad, me pregunto si sienten o no el peso de la migración. Deben sentir, pero de forma diferente de los adultos. El mundo de los niños es mágico, divertido y más feliz.

Era una mañana de Domingo, me levante temprano, recorrí los laberintos del antiguo Orfanato, hoy Casa Madre Assunta, en la vieja y conocida calle del Orfanato, en São Paulo, entre en medio de los niños recién llegados de Venezuela. Les encanta estar en aquel parquecito, localizado bien en el medio del patio del Orfanato.

Pero Abrahán, 10 años de edad, me toco de manera especial. En primer lugar porque contagia con la simpatía y ligereza. Cuando llegue al patio, – él, ya me conocía, porque el día que llegaron a São Paulo fui a buscarlos, hace ya más de un mes – me miro sonriendo y me dice:
“A que equipo usted la hace barra?”
“Adivine.”
“São Paulo?”
“Noooo”, le dije.
“Corinthians?”
“Siiii” respondí. En ese momento el sonrió y me apretó la mano.
“Yo también soy corintiano. Sabe que yo fui incha del equipo del Palmeras por 6 meses, pero después me di cuenta que perdía mucho, entonces pase a ser corintiano. Es un equipo muy bueno”, me dijo.

Esta es otra razón por la cual me quede aún más enamorada de Abrahán. Dejando de lado el equipo, lo que más me llama la atención son los sueños que Abrahán tiene por ahora. Sueños fáciles de hacer realidad y que lo hará un niño feliz: tener una bicicleta para correr en el patio y el hilo para las cometas, algunos de sus juegos preferidos en Venezuela. Solamente basta un poco de buena voluntad humana para que él tenga lo que desea.

Con la palabra, Abrahán: vivo momentos felices como cualquier niño, sin embargo aquellos refugiados e inmigrantes me tocan de manera particular: ellos son los protagonistas de su propia historia e de una nueva historia por comenzar. Aprendo mucho con ellos. Siento que me vuelvo más humana y más madura cuando me dejo tocar por ellas. Son un verdadero presente de Dios.

Como Abrahán llego a São Paulo
Abrahán, Valentina, Rafael, y tantos otros niños llegaron a são Paulo en compañía de sus padres, los cuales a través del proyecto “caminos de Solidaridad”, con sede en Roraima, fueron acogidos por las hermanas Scalabrinianas en la Casa Madre Assunta Marchetti.

La vida en São Paulo
Sus padres, todos los días, desde las 7 de la mañana inician su jornada en busca de empleo. Los niños, van para el colegio. Algunos participan del Proyecto Convivir en la casa Madre Assunta.

Hora de ir para el colegio
Abraham no titubeaba para levantarse temprano con el hermanito y correr para la escuela Annita Atala, donde estudia de mañana. No me puedo olvidar de decir que él ama estudiar, además de la pasión que tiene por el futbol. “me gusta vivir aquí porque hay escuela de futbol”, celebra feliz.  

Para hacer donaciones para a Abrahán y los demás niños: Imprensascalabriniana@gmail.com (Hermana Rosinha Martins)
Tel: hermana Dirce: 11 945097653
¿Y usted sabía que cualquier persona de buena voluntad puede participar del proyecto aminos de solidaridad, acogiendo familias? Mira:

Mas informacion acesse caminhos de solidariedade (Clicka)

Imprensa Scalabriniana
Entrevista e fotos: Rosinha Martins
Traducción portugués/español: Hna. Nidia Castro