Día Mundial del Migrante, Scalabrinianas: acoger hoy como si se encontrase el Cristo refugiado

«En la fuga a Egipto, Jesús experimentó el ser prófugo. En los ojos de María y José vemos las mismas miradas marcadas por la preocupación y el temor de los refugiados de hoy. En Cristo, en cambio, hemos visto las mismas condiciones de tantos niños que hoy se encuentran a tener que comportarse improvisadamente  como adultos, con la infancia ultrajada a causa de la crueldad humana. La Sagrada Familia en busca de refugio en Egipto, nos recuerda las dramáticas condiciones de las familias exiliadas, que viven de temor, de incertidumbre y dificultades. En la Sagrada Familia en éxodo hoy, sentimos el deber de asistir a las tantas familias que piden ayuda». A decir esto es la Hermana Neusa de Fatima Mariano, Superiora General de las Hermanas Scalabrinianas, Congregación que desde su fundación se ocupa de la asistencia a los migrantes, para el 106 día mundial del Migrante y refugiado del 27 de septiembre.

«Papa Francisco es iluminador en su visión  de Pontificado -explica la Hna. Neusa- y una vez más manifiesta su preocupación personal y de toda la Iglesia por las personas en movilidad. El mensaje del Pontífice se basa en los verbos que se traducen en acciones bien concretas, conectadas en una relación de causa-efecto: conocer y comprender, hacerse prójimo y servir, reconciliarse y escuchar, crecer y compartir, convocar y promover, colaborar y construir. Responder a estos verbos ya presentados tiempo atrás por Papa Francisco es un desafío pastoral que abrazamos con fuerza: es necesario acoger, proteger, promover e integrar. El centésimo  sexto día mundial del Migrante se celebra en sintonía con el Jubileo de la Congregación, en efecto, han pasado 125 años desde el nacimiento de la Congregación, este año tenemos una ocasión más -continúa la Superiora- para suscitar sensibilización sobre la situación de las personas migrantes y refugiadas, como consagradas para los Migrantes estamos llamadas a ofrecer intensamente nuestra comunión, solidaridad y oración, y responder a la demanda que la migración nos pone delante de los ojos físicos y del corazón».