Red MSCS

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6JunioEn movimiento dialéctico entre fe y vida sentimos interpeladas a caminar en esta dirección con audacia, sensibles al dolor de los migrantes, para reconfirmar la exacta acogida pastoral del Bienaventurado fundador Juan Bautista Scalabrini en un mundo todavía gobernado por leyes injustas y poderes opresores. El actual desafío es aproximarnos de las nuevas migraciones, abriendo los ojos sobre sus causas y dejándonos cuestionar al respecto de, si nuestro testimonio deberá ser más el de denunciar las injusticias y negación de los derechos humanos. Para responder más eficazmente a este desafío entendemos el valor de la internacionalidad, como posibilidad de comunión entre diferentes, pero en un camino que debe ir en dirección a la interacción entre culturas, para permitir a todas culturas de ser vivibles. Entendemos, con esto, incentivar la colaboración interprovincial, intercongregacional y con los LMS, no apenas como estrategia para la misión, sino como exigencia que nos viene del propio Dios. Juntos necesitamos colocarnos a la escucha de Dios y de las señales de los tiempos, con una mayor percepción de lo que sucede hoy en la historia. Es necesario el don del Espíritu para poder cumplir de modo confiable y eficaz nuestra misión profética como evangelizadoras. Es nuestro modelo en esto padre José Marchetti: “Recurra a Dios con la oración… para aprender de Dios mismo lo que debe hacer en cada situación…”.

 

CONTEXTO

Vivimos en un mundo globalizado, con intensa movilidad humana, 232 millones (cf. ONU, 2013), que apunta para grandes cambios. El actual escenario socio político, de catástrofes naturales y acelerada revolución tecnológica genera fl ujos migratorios diversifi cados y complejos que producen nuevos rostros de la migración. En este escenario crece la discriminación, el racismo, la xenofobia, la criminalización y el tráfi co de personas. Esta realidad nos desafía a dar una respuesta pastoral misionera y profética que cualifi ca nuestras prácticas en las diversas iniciativas de estar con y para los migrantes. Esto suscita la reorganización de la vida de nuestra Congregación en vista de una acción más integrada en el cuidado de la fe y en la defensa y derechos de los migrantes y refugiados. Nuestra presencia en los ambientes en que la vida humana es lanzada en las fronteras y encrucijadas de la existencia, en el mundo de las migraciones, promueve una iglesia intercultural “samaritana” para cada hombre y mujer en movilidad. En este sentido el migrante es el lugar teológico de la misión scalabriniana, participa del misterio pascual, para el cual la muerte y resurrección, tienden a la creación de la humanidad nueva, en la cual no existe más esclavo, ni extranjero (EMCC,18).